estaba decidida a pasar la noche de año nuevo en la casa de mi infancia. sola. o con quien fuera. primero hice una elección sofisticada que finalmente fue imposible. pensé terminar un largo guión que nunca puedo terminar. y pensé llevar gente lo más parecida a los personajes. como para que las cosas pasaran solas. pero todo se volvió como irreal o incompatible. así que me fui con I solamente. en una casa cerca estaría D con su abuela. y de forma inesperada llegaría C el sábado en la tarde. ese día comimos humitas con tomate y azúcar. luego I se quedó leyendo hermano ciervo y con D fuimos a bañarnos al mar. fue un baño extraño y bonito. el último baño dirían algunos. pero nunca pensamos en eso. en realidad nuestros trajedebaños estaban especialmente brillantes y el mar medio negro y medio blanco y D y yo tan contentos de estar en el agua con ese sol como de espartaco y con el efecto de las pulguitas abajo de la arena y con las olas tan tan fuertes. me salí y volví a entrar varias veces al agua. entre medio le saqué fotos con la zenit a unas niñas rubias que intentaban hacer bodyboard. comimos palmeritas. se puso el sol y subimos esa subida que es terrible pero épica. yo como que no podía dejar de sentirme bien. algunos nos metimos a la ducha. de repente empezó a sonar una canción muy preciada en el minicomponente que hay que sintonizar con un desatornillador. así que nos pusimos a bailar los cuatro. así bien festivos de estar ahí. después se hizo tarde. nos fuimos corriendo por los atajos y en algún momento nos detuvimos embobados a ver los fuegos artificiales. mucha gente piensa que es un desperdicio. pero yo los encuentro tan lindos. tan lindos. tan lindos cuando van cambiando de color. yo no quería estar con esa gente que se pone a hablar del año que pasó. y del año que viene. D tampoco. así que fuimos a cumplir mi deseo de año nuevo. que es un deseo que he tenido toda mi vida desde que me acuerdo. y es que hay una casa preciosa y anciana como un barco medio hundido que siempre ha estado desocupada y que tiene una escalera de caracol por fuera que lleva a una terraza muy grande en el techo. le pedí a mis amigos que hiciéramos un peregrinaje de casas vacías antes de llegar a la mía. la que parece barco. camino a cumplir el deseo hicimos muchas actuaciones idiotas y estuvimos en la parte alta de una calle riéndonos tontamente. muy tontamente. durante tanto tiempo. luego encontramos un perro tan bonito muerto en la mitad de la calle. lo habría atropellado algún borracho me imaginé. era lo más fácil de imaginar en una noche de año nuevo. yo toqué al perro y ya estaba frío. I intentó moverlo pero estaba tieso y pesaba mucho. entre los dos lo tomamos y lo movimos a las plantas. me acordé de esos animales que hay en el museo de historia natural. esos que están tan secos en alguna postura forzosa mostrando sus dientes. con ese pelo como de vieja que va a la peluquería todas las semanas. lo dejamos en las plantas. intentando que se viera cómodo. pero la mueca de su cara y el brillito de sus ojos abiertos violentaban toda su forma. intenté recordar todos los perros muertos que había visto. intenté reconocer ese gesto final en algún pariente. en algún funeral. D le escribió un mensaje en un papel un poco ridículo. algo como fuiste un buen perro. o eso supusimos. entonces seguimos caminando lúgubres hasta la casa que nunca me había atrevido a entrar. y ahí por fin arriba en la terraza arcaica de alguna persona que nunca conoceremos, nos sentamos y descansamos. como cubiertos de un silencio claro y bonito. que nada tenía que ver con las fiestas esas. que alguna vez nos imaginamos.

1 comentarios:
Joooosseeeeeeeeeee
Aaaaaaaaaaaaaaaaaa
te quiero.
te espero.
y los huevitos de campo también.
y obvio que Ari también.
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