lunes, 2 de noviembre de 2009

zenit y nadir

no me atrevo a tirarme en el pasto tan largo por los alacranes. eso es lo que más extraño. tirarme en el pasto, teo. él me dice que su nombre es teo. como tú. teo. y se parece tanto a ti. anoche soñé que me tomaba en brazos. siento que mi cuerpo siempre ha habitado este lugar. teo. o no estoy segura. de dónde estás. de dónde hemos estado. tenerte lejos y, ahora, tener otro teo, tan cerca. te olvido teo. perdóname. acá las cosas suceden una y otra vez. de día y de noche. ayer hubo tormenta. tenía que ir a la biblioteca, pero una señora llamada marlene no me dejó. me obligó a ponerme zapatillas y quedarme sentada en la escalera. “mientras truena no se sale” y yo no me atreví a contestarle. me quedé a su lado como si ella fuese un gran tronco. estuvimos una hora sentadas sin hablar. tuve que ponerme de pie un poco tímida y decirle que no creía que fuese a caerme un rayo. y correr. la lluvia parecía hojas blancas, teo. corrí casi ciega y el agua de la calle me llegaba sobre los talones. nadie pudo entender mi cuerpo. en la biblioteca todos quedaron mirándome como bobos. yo me sentí bien, teo. creo que tengo un pasado acá. creo que tengo un pasado. acá. teo. acá las cosas son verdes y casi me olvido del azul. mi amiga silvia me cuenta cosas antes de dormirme y pienso que será una gran escritora. mueve las manos de una manera hermosa y cambia la voz en cada palabra. cuando duermo, sueño con ella. teo. acá soy todo al mismo tiempo. espero que no vengas. sé perfectamente cómo acercarme a mi nuevo teo. me toma de las manos y yo con mis rodilla recogidas deslizo mi cuerpo hasta tan cerca de su boca. para esperar que él con un movimiento de lagarto incline su cabeza hacia el lado derecho y se acerque lento con esa mirada oblicua como si fuera a amarme de manera salvaje o abrir su boca para matarme. no sé. a mí me dan ganas de atravesarlo con una lanza para verlo sufrir. teo. porque sé que mañana las cosas volverán a repetirse. y cada ataque. cada ataque será el mismo. como nosotros. siempre lo mismo, teo. tu argolla de oro, teo. tu pelo húmedo en mi almohada, teo. y tu pierna. que con el calor de la isla se adhiere a mi piel como con pegamento y al separarla duele un poco. la selva me va comiendo por dentro y mi lengua es como una planta carnosa o como una flor tan fuerte y gorda. extraño tenderme en el pasto, teo. dan miedo los alacranes. subo a las copas de los árboles y nubes tan densas acechan mi cabeza. espero otra tormenta. espero correr casi ciega. espero que una mujer llamada marlene llegue a la escalera y me obligue a ponerme zapatillas. espero tu aro de oro. tus manos acercándome a tu cuerpo teo. tu ataque animal. tu olor de la isla. teo.

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5 comentarios:

Begoña Ugalde dijo...

!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Carolín cacao leo lao dijo...

me gusta lo que cuentas
me entretiene no saber todo

quirze dijo...

cuánto filtro! jaja, me gusta

Nac dijo...

Hace como dos vidas y media que no escribo. Perdí mi croquera con dibujitos feos y mi letra imposible de leer, y con ello se me fue medio año de quizás-trabajo quizás falta-de-trabajo. La bibliotecologia le roba a uno el alma, eso o la polola, o algo parecido a una, quizas una un poco robot. Ahora te escribo un post y como que fluyo. Gracias.
En el ciber obviamente no suena Cohen, y si sonase sería tan preparada la escena que no sería agradable. Toda mi familia me encontro parecido a Ignatius Reily. Es terrible.

werty dijo...

TREMENDA!